NOCHEBUENA DE 2007. UN RESUMEN PARA CONCHA
Cristina me dice que la fiesta de anoche fue maravillosa y que escriba un poco para contársela a Concha. Mi mujer, como siempre, tiene razón y escribo, hoy navidad, este relato para mi hermana Concha.
Este año, aunque hemos estado en casa de Madre, poco más de cincuenta, el resto, aunque también estuvieran muy presentes, cenaron en las casas de sus otras familias,
Entre las nueve y las diez de la noche la habitación del fondo se llenó de abrigos, el salón pequeño de regalos, el pasillo de niños, el cuarto de estar de humo, la cocina de gente, los aparadores del salón de platos, cubiertos, copas, botellas y los adornos que, desde siempre, todos conocemos y a nadie extrañan. En la mesa del comedor no cabían más exquisiteces y en todas partes había personas hablando de dos en dos, en grupos o pasando de un lado a otro con cualquier cosa en las manos. Todo en movimiento, todo como ensayado, como siempre, todo en orden.
Madre, reluciente, no se cansaba de disfrutar y hacer disfrutar la presencia de cada nueva llegada. El resto, en medio de múltiples conversaciones cruzadas, de cuando en cuando preguntaban a cualquiera : ¿Dónde está tu madre?, ¿ha llegado tu padre?, ¿has visto a mi hermana?. Ya sabes, Concha, como siempre en casa.
En un momento se hizo el hueco, José sacó su guitarra, Ana, Elisa y Luz se pusieron detrás, a su lado, en la esquina, un poquito separado, mirando desde arriba Álvaro. Todos los demás repartidos por el salón, un poquito del comedor o perdidos por la casa.
Se repartieron los papeles, observé que había algunas copias nuevas, y cantamos, cantaron, villancicos, muchos y algunos casi bien. Los genes de los contra sangres, hay que reconocerlo, han aportado mejores y hasta buenas voces a la riqueza familiar. Todo estupendo, como siempre.
Al final de esta primera parte alguien inició el Cumpleaños Feliz y Belén, muy colorada, fue un ratito protagonista de la fiesta. ¿Recordáis, hermanos, la noche que nació Belén?.
Y, como siempre también, la abuela empezó a hablar. Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez Madre ha dicho, muy bien, cosas muy serias que lamento muchísimo no haber anotado mejor en mi memoria, pero que, en su núcleo central, más o menos, con sus palabras, fueron las siguientes:
“Las tres cosas importantes que siempre debéis tener presentes: La primera es la Vida, es el mayor bien que nos ha dado Dios, hay que cuidarla, protegerla y amarla. La segunda es la Libertad, debéis ser y sentiros libres, hacer lo que tengáis que hacer, no permitáis, jamás, que nadie os manipule ni vendáis a ningún precio vuestra Libertad. La tercera es el Amor, que da sentido a la Vida y a la Libertad, el Amor también hay que cuidarlo, hacerlo crecer y siempre alimentar”.
Dijo más, mucho más, pero la importancia del mensaje central, las ha convertido en una música bella y nebulosa, difícil por mi oído, de recordar.
Luego la cena: Las fuentes interminables de langostinos, ensaladas, ahumados, distintas carnes , los huevos que le gustaban a Padre, caldo caliente, espárragos fríos, salsas y más salsas, ya sabéis, como siempre, todo bueno. Y los vinos, blancos y tintos, los refrescos, Luego los dulces, el café, las copas, los buenos puros, también como siempre.
Durante la cena, grupos de comensales en el cuarto de estar, en la cocina, en el salón pequeño, en el comedor, en las mesas del salón, en todas partes.
¿Conversaciones?
Las de siempre: Cuando nos reunimos los Mingo, como dice Juan Manuel, de lo que más nos gusta hablar es de nosotros mimos, de lo guapos y listos que somos, de los padres que nos han educado tan bien, de lo bien entrenados que estamos para vivir en sociedad, del todos nuestros aciertos, de los éxitos que nos acompañan y un poquito de “bueno, en realidad, no es para tanto, pero nos gusta”.
¿Detalles?
María Esperanza, mejor, visitada por los nietos, preciosos todos y luciendo a Elena, la pequeña de Mercedes y Gonzalo, ellos siempre enamorados, todo un lujo. José Agustín estupendo, José me encantó, Gloria muy bien. María un amor, Cocha exultante y mi ahijado Agustín, tan contento por estar pensando en casarse.
Mario bien, francamente bien. Los chicos, Mario, Caitos, Jorge, Jaime y Fernando “unos mayores”, buenos y capaces. Tita una mujer que da gusto.
Carolo espléndido. Casi abuelo, dice, muy serio, que la alegría de la fiesta son los nietos, que llenan y corren por el gran pasillo y por todas partes. Paloma, ya enorme, y Paco, Teresa, Carolo, Miguel. Beatriz, Blanca, y Pedro, todos bien.
Joaquín y Sabine, Leonor, Juan, Eva, y Paula , José Luis y “mi primo” Javier, en Francia y como Pong en Tailandia, Marcos, Cristina con su Célula creciendo, en Talavera o Juan Manuel, con gripe en la cama, y tú Concha en el calor de Paraguay, todos están también hoy en casa.
Javier y Blanca, tan hermanos, cuentan cosas siempre interesantes. Isidro, ya sabe servo – bosnio, nos anuncia su próximo éxito en Nueva York, nos promete los links en YouTube y, lo que es más importante, está bien y muy contento de vivir. Ana, tan guapa, tan buena y tan lista, no presume de sus conquistas y tampoco de ser la reina de su hospital. Elisa, universal, académica y magnífica, conoce todo, lo sabe todo y disfruta todo con la abuela, los tíos, los primos, con la familia. Y Luz, casi ingeniero, una niña tan llena de encanto, habla con todos y casi juega en el pasillo con Paloma, Isabel, Carlota, Carmen y Belén, todas mayores y muy guapas. Entre todas ellas, Esperanza de Toro, bella polaca, ¡preciosa!, también destaca.
María José, con su marido en la cama, muy bien. Observa, habla y aprecia.
Carmen, siempre Carmen, estupenda.
Sol, a pesar de la escayola que le cubre el roto peroné, como una reina.
Eusebio, prudente, muy señor, habló con todos, disfrutó la cena, y convenció.
Paloma, siempre activa y elegante. Miguel, cada día a día más y más interesante observa de lejos a Pati Hon, mientras esta juega con Gonzalo, Inés, Sol, tan bonitas.
Belén, nuestra cuquita, es siempre Belén. Atenta a todo, vigila todo, escucha todo, habla todo, se sienta todo, hace todo. Un placer. Y Gonzalo, hecho un auténtico Toro, observa y disfruta, conversa con todos y no quita ojo al ya, casi mayor Gonzalo, que si se desmelena puede hacernos bailar a todos como ya lo hizo, siendo bastante más pequeño, en un gran hotel de Tailandia.
En un momento determinado tuve una sorpresa, había dos sobrinas, una mayor y otra menos, me sonaban, pero no las reconocía, ¡Que extraño!. Pregunté a alguien por sus nombres y la primera respuesta, ¡más extraño!, fue que tampoco los sabía. Antes de que metiera la pata, Belén que estaba al quite me dijo que no eran nuestras, pero sí casi de la familia, su amiga Monse y Leonor, su casi sabia y encantadora hija, a las que luego de quince años de insistencia y con el compromiso de no contar nada en la radio, había invitado a la cena de los Mingo en Nochebuena. Creo disfrutaron la noche familiar, mas aún, estoy seguro de ello.
Cristina, presume de ser por esta noche la única nuera, y reclama su derecho a ser cuidada. Mis hermanas, sus cuñadas lo tienen claro, halagan sus galas, de dicen cosas bonitas y ponen cuidado para que su hermano conserve la alhaja. Victoria, tan mayor, tan lista y tan guapa, luce su estilo, escucha no poco y habla y habla. Luis disfruta con todos, observa y, de cuando en cuando con el pensamiento, se va a Tailandia.
En medio de todos, mamá, Madre, la abuela, la bisabuela, que siendo todo, sin decir nada, sigue siendo, como cuando Padre estaba y hoy también nos acompaña, ahora sin disimulo, la que manda. Alrededor de la una dijo adiós, bendijo a todos y de fue, feliz, a la cama.
Los regalos, había muchos, importan nada, realmente la fiesta de Nochebuena es estar todos juntos, querernos mucho y más nada.
Navidad de 2007
Este año, aunque hemos estado en casa de Madre, poco más de cincuenta, el resto, aunque también estuvieran muy presentes, cenaron en las casas de sus otras familias,
Entre las nueve y las diez de la noche la habitación del fondo se llenó de abrigos, el salón pequeño de regalos, el pasillo de niños, el cuarto de estar de humo, la cocina de gente, los aparadores del salón de platos, cubiertos, copas, botellas y los adornos que, desde siempre, todos conocemos y a nadie extrañan. En la mesa del comedor no cabían más exquisiteces y en todas partes había personas hablando de dos en dos, en grupos o pasando de un lado a otro con cualquier cosa en las manos. Todo en movimiento, todo como ensayado, como siempre, todo en orden.
Madre, reluciente, no se cansaba de disfrutar y hacer disfrutar la presencia de cada nueva llegada. El resto, en medio de múltiples conversaciones cruzadas, de cuando en cuando preguntaban a cualquiera : ¿Dónde está tu madre?, ¿ha llegado tu padre?, ¿has visto a mi hermana?. Ya sabes, Concha, como siempre en casa.
En un momento se hizo el hueco, José sacó su guitarra, Ana, Elisa y Luz se pusieron detrás, a su lado, en la esquina, un poquito separado, mirando desde arriba Álvaro. Todos los demás repartidos por el salón, un poquito del comedor o perdidos por la casa.
Se repartieron los papeles, observé que había algunas copias nuevas, y cantamos, cantaron, villancicos, muchos y algunos casi bien. Los genes de los contra sangres, hay que reconocerlo, han aportado mejores y hasta buenas voces a la riqueza familiar. Todo estupendo, como siempre.
Al final de esta primera parte alguien inició el Cumpleaños Feliz y Belén, muy colorada, fue un ratito protagonista de la fiesta. ¿Recordáis, hermanos, la noche que nació Belén?.
Y, como siempre también, la abuela empezó a hablar. Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez Madre ha dicho, muy bien, cosas muy serias que lamento muchísimo no haber anotado mejor en mi memoria, pero que, en su núcleo central, más o menos, con sus palabras, fueron las siguientes:
“Las tres cosas importantes que siempre debéis tener presentes: La primera es la Vida, es el mayor bien que nos ha dado Dios, hay que cuidarla, protegerla y amarla. La segunda es la Libertad, debéis ser y sentiros libres, hacer lo que tengáis que hacer, no permitáis, jamás, que nadie os manipule ni vendáis a ningún precio vuestra Libertad. La tercera es el Amor, que da sentido a la Vida y a la Libertad, el Amor también hay que cuidarlo, hacerlo crecer y siempre alimentar”.
Dijo más, mucho más, pero la importancia del mensaje central, las ha convertido en una música bella y nebulosa, difícil por mi oído, de recordar.
Luego la cena: Las fuentes interminables de langostinos, ensaladas, ahumados, distintas carnes , los huevos que le gustaban a Padre, caldo caliente, espárragos fríos, salsas y más salsas, ya sabéis, como siempre, todo bueno. Y los vinos, blancos y tintos, los refrescos, Luego los dulces, el café, las copas, los buenos puros, también como siempre.
Durante la cena, grupos de comensales en el cuarto de estar, en la cocina, en el salón pequeño, en el comedor, en las mesas del salón, en todas partes.
¿Conversaciones?
Las de siempre: Cuando nos reunimos los Mingo, como dice Juan Manuel, de lo que más nos gusta hablar es de nosotros mimos, de lo guapos y listos que somos, de los padres que nos han educado tan bien, de lo bien entrenados que estamos para vivir en sociedad, del todos nuestros aciertos, de los éxitos que nos acompañan y un poquito de “bueno, en realidad, no es para tanto, pero nos gusta”.
¿Detalles?
María Esperanza, mejor, visitada por los nietos, preciosos todos y luciendo a Elena, la pequeña de Mercedes y Gonzalo, ellos siempre enamorados, todo un lujo. José Agustín estupendo, José me encantó, Gloria muy bien. María un amor, Cocha exultante y mi ahijado Agustín, tan contento por estar pensando en casarse.
Mario bien, francamente bien. Los chicos, Mario, Caitos, Jorge, Jaime y Fernando “unos mayores”, buenos y capaces. Tita una mujer que da gusto.
Carolo espléndido. Casi abuelo, dice, muy serio, que la alegría de la fiesta son los nietos, que llenan y corren por el gran pasillo y por todas partes. Paloma, ya enorme, y Paco, Teresa, Carolo, Miguel. Beatriz, Blanca, y Pedro, todos bien.
Joaquín y Sabine, Leonor, Juan, Eva, y Paula , José Luis y “mi primo” Javier, en Francia y como Pong en Tailandia, Marcos, Cristina con su Célula creciendo, en Talavera o Juan Manuel, con gripe en la cama, y tú Concha en el calor de Paraguay, todos están también hoy en casa.
Javier y Blanca, tan hermanos, cuentan cosas siempre interesantes. Isidro, ya sabe servo – bosnio, nos anuncia su próximo éxito en Nueva York, nos promete los links en YouTube y, lo que es más importante, está bien y muy contento de vivir. Ana, tan guapa, tan buena y tan lista, no presume de sus conquistas y tampoco de ser la reina de su hospital. Elisa, universal, académica y magnífica, conoce todo, lo sabe todo y disfruta todo con la abuela, los tíos, los primos, con la familia. Y Luz, casi ingeniero, una niña tan llena de encanto, habla con todos y casi juega en el pasillo con Paloma, Isabel, Carlota, Carmen y Belén, todas mayores y muy guapas. Entre todas ellas, Esperanza de Toro, bella polaca, ¡preciosa!, también destaca.
María José, con su marido en la cama, muy bien. Observa, habla y aprecia.
Carmen, siempre Carmen, estupenda.
Sol, a pesar de la escayola que le cubre el roto peroné, como una reina.
Eusebio, prudente, muy señor, habló con todos, disfrutó la cena, y convenció.
Paloma, siempre activa y elegante. Miguel, cada día a día más y más interesante observa de lejos a Pati Hon, mientras esta juega con Gonzalo, Inés, Sol, tan bonitas.
Belén, nuestra cuquita, es siempre Belén. Atenta a todo, vigila todo, escucha todo, habla todo, se sienta todo, hace todo. Un placer. Y Gonzalo, hecho un auténtico Toro, observa y disfruta, conversa con todos y no quita ojo al ya, casi mayor Gonzalo, que si se desmelena puede hacernos bailar a todos como ya lo hizo, siendo bastante más pequeño, en un gran hotel de Tailandia.
En un momento determinado tuve una sorpresa, había dos sobrinas, una mayor y otra menos, me sonaban, pero no las reconocía, ¡Que extraño!. Pregunté a alguien por sus nombres y la primera respuesta, ¡más extraño!, fue que tampoco los sabía. Antes de que metiera la pata, Belén que estaba al quite me dijo que no eran nuestras, pero sí casi de la familia, su amiga Monse y Leonor, su casi sabia y encantadora hija, a las que luego de quince años de insistencia y con el compromiso de no contar nada en la radio, había invitado a la cena de los Mingo en Nochebuena. Creo disfrutaron la noche familiar, mas aún, estoy seguro de ello.
Cristina, presume de ser por esta noche la única nuera, y reclama su derecho a ser cuidada. Mis hermanas, sus cuñadas lo tienen claro, halagan sus galas, de dicen cosas bonitas y ponen cuidado para que su hermano conserve la alhaja. Victoria, tan mayor, tan lista y tan guapa, luce su estilo, escucha no poco y habla y habla. Luis disfruta con todos, observa y, de cuando en cuando con el pensamiento, se va a Tailandia.
En medio de todos, mamá, Madre, la abuela, la bisabuela, que siendo todo, sin decir nada, sigue siendo, como cuando Padre estaba y hoy también nos acompaña, ahora sin disimulo, la que manda. Alrededor de la una dijo adiós, bendijo a todos y de fue, feliz, a la cama.
Los regalos, había muchos, importan nada, realmente la fiesta de Nochebuena es estar todos juntos, querernos mucho y más nada.
Navidad de 2007

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