jueves, 29 de noviembre de 2007

ESPERANZA DE TORO ESCRIBE ESTE CORREO A SUS PRIMOS Y YO LO PUBLICO

Desde Polonia ya se va notando el invierno, las aceras están cubiertas por cuatro centímetros de nieve y la ciudad ha cambiado de aspecto. Ahora todo ha adquirido un color más navideño.

Ya sólo me quedan tres semanas para volver a España y veros a todos. La verdad es que nunca me había apetecido tanto una Nochebuena como este año. Ver a la abuela dando su discursito al estilo "niños, hoy es el día en que celebramos que ha nacido el Niño Jesús que está en el cielo...", aunque como está empezando a olvidar las palabras, a lo mejor este año nos sorprende con un "hoy es el día en que nació el Churrupito...". Ya veremos.

La mesa del comedor de casa de la Churrupita (ya sabéis que le he cambiado el nombre a la abuela) llena de fuentes repletas de comida. La cubertería de plata, la buena, que sólo se usa el día de Nochebuena. Mil caras a las que hace mucho que no ves. Las 9, hora a la que empiezan a oírse los primeros gallos de alguna voz desafinada pero con mucho espíritu navideño; sí, me refería a los villancicos (por llamarlos de alguna manera) y a la guitarra de José. Las letras del Más Allá de Gloria Estefan y el En Navidad de Rosana, que están amarillentas y raídas por el paso de los años. Y mirar fascinada que toda la familia está compartiendo las pocas fotocopias que hay para conseguir una sensación de unanimidad en el canto...

El cuarto de estar, siempre helado, es uno de los más cotizados de la noche. Parece que hemos vuelto a las tardes de los domingos en las que el "tonto el último" era lo único que se oía. Pues sí, a eso de las 10, ya está toda la pequeña habitación repleta de gente, unos encima de los otros, Cristi metiendo mano en los platos de todos, alguna mano inquieta rebañando la mayonesa ajena, los trozos de pan compartidos, los huevos rellenos de la tía Sol por los que hay que pelearse, la entrada repleta de regalos y la inquietud por saber qué contendrán. Los cotilleos de la jornada con noticias frescas, los novios y los ex novios, la cara de felicidad de los enanos al ver que ya han encontrado el bulto con su nombre inscrito en un trozo de papel.
El olor a tabaco y a carne asada que es tan característico de esa casa, las Mingo descuartizando el vestido que la vecina llevó al funeral de alguien del pueblo, la abuela sentada en su sillón fumando un pitillo tras otro mientras come discretamente un trozo de turrón…

La tarta de dulce de leche y la bandeja de polvorones. El wishky del tío Mario, el intercambio de Almax, el anuncio de una boda, y los primos pequeños acercándose a los no tan pequeños para darles sus tan ansiados regalos. Todo lleno de papeles, cajas, hojas, trozos de celo pegados en cualquier parte del cuerpo…

Esto es una Nochebuena en casa de la abuela María, y me encanta poder estar presente ese día. Porque todos somos conscientes de que si alguno falta, la Navidad no es lo mismo.

Según nos vamos haciendo mayores y la vida evoluciona, las cosas cambian: ya no jugamos a liebre ni al escondite, no bajamos a casa de la tía Blanca a por bocadillos de nocilla, no vamos al cine ni al pipero… Lo único que seguimos manteniendo es la cena de Nochebuena. Sé, como todos, que algunos no pueden estar presentes por diversas circunstancias. Pero estáis de todas formas. Porque la familia es lo más importante, y aunque esto suene muy cursi (ya sabéis que soy así) me gusta que la mía sea esta. Estoy muy orgullosa de ser una Mingo.

Me encantaría poder estar presente en la fiesta prenavideña que habéis organizado, y me da pena no poder veros a todos… De todas formas, y desde aquí, os deseo a todos una feliz Navidad… Porque yo sí me acuerdo. ¿Os acordáis?

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